El aspecto vibracional de la vida se estimula desde nuestro instrumento musical: la voz.
El cuerpo sonante debe actualizar los conceptos esenciales, fuera ya de creencias clásicas como espiritualidades, New Age o filosofías recuperadas de tiempos antiguos. Lo mismo sucede con técnicas que obligan al cuerpo a determinadas posiciones, posturas y formas de emitir.
La voz actúa en tres direcciones:
- En el sentido lineal del lenguaje, tal como lo utilizamos en la comunicación humana, en el tiempo del reloj.
- En el sentido de la escucha, como factor que permite la asimilación de lo que recogemos en la comunicación.
- En el sentido de síntesis, ya que filtra y define cómo realizamos la repetición (si es el caso), la expansión o contracción de nuestro mundo de creencias, transformándolas en nuevas actitudes de vida y de conciencia.
“La escucha, sobre la que está insertado firmemente el sistema nervioso, se realiza literalmente sobre el cuerpo”
Dr. A. Tomatis
La separación habitual, acomodada a lo social o permanente por inercia, significa una auténtica traición al Ser propio, personal. Genera un hueco de alejamiento interior que se convierte poco a poco en un gran abismo, a veces irreconciliable con el propio sentir, por haber transformado las propias vibraciones sonoras en una carcasa permanente. Puede ser una carcasa defensiva o una carcasa de aislamiento.
Este proceso se automatiza y el cuerpo se ve obligado a “sostener” una arquitectura funcional de la voz fuera de su diseño natural coma su intención y su capacidad.
La capacidad de la voz:
- Expresión = humana
- Comunicación = personal y social
- Conexión = multidimensional
Es como si todas las ondas sonoras, el caudal oceánico de vibraciones con el que podemos conectar, se convirtiera en volutas de papel de fumar quemado, hecho cenizas… Esto sucede cuando nos desvinculamos de nuestro mundo vibracional. La voz, entonces, se presenta como una síntesis de la propia persona.
El impulso evolutivo que estamos recibiendo desde finales del siglo XX y que se intensifica ahora, en nuestro tic tac del siglo XXI, con la aceleración y movimiento de nuestro tiempo “todo va más rápido”, “no da tiempo para nada”, está actualizando nuestra capacidad vibracional. Estaba prediseñado en nuestro programa previo a la materia.
La situación a conseguir en nuestro tiempo: estar mejor conmigo y en general, ensanchar el amor a mí, comprender el sentido de esta vida actual y poner en marcha nuestro proyecto existencial en positivo.
Esta capacidad vibracional humana se está manifestando en el aumento de armónicos en la emisión vocal, por una parte, y en la mayor apertura y receptividad de nuestra escucha, por la otra parte.
El oído medio ha actuado activando su potencial y se conecta de una forma nueva con nuestra sensibilidad. La parte vestibular nos mantiene en eje y en dinámica, y la cóclea está ampliando su captación de elementos dentro de la onda sonora. Se conecta de una forma nueva con nuestra sensibilidad.
Desde la vibración sonora hacia la conciencia que podemos expresar con conocimiento, todo el cauce vibracional de la persona se consolida en lo que se denomina presencia.
Las palabras “visten” las vibraciones sonoras.
La elegancia de la energía de amar en ellas las convierte en la mejor pasarela para viajar por todas las dimensiones
Buenas músicas, inspiradas y de conciencia, tocan nuestro ser en algún punto de nuestro mapa sensible interior. Nos aportan y nos cambian, nos ensanchan, nos permiten una nueva reflexión. Y va mucho más allá de los químicos naturales que sentimos activarse con los ritmos y las melodías preferidas. Nos pueden conectar con sentimientos superiores que mueven nuestra energía más allá del nivel celular.

Actualmente, podemos decir que es el momento de conectar con los aspectos físicos y vibratorios de nuestro cauce vocal peculiar, singular, único… Cada expresión en verdad, en energía de amar, en experiencia compartida desde la autenticidad y esencia personal, suma valor al trayecto evolutivo que nos toca vivenciar y manifestar ahora.
Este nuevo nivel de expresividad aporta cantidades de energía sutil en el formato ondular del sonido humano (y en la música, por supuesto). Sentir cómo nos reconducen a nosotros mismos, puede ser sorprendente, porque identificamos estas nuevas sensaciones hasta que se convierten en algo habitual y plenamente integrado tanto en nuestro cuerpo como en nuestro ámbito energético propio.
Caminar en este océano vibracional sonoro con plena conciencia, supone aumentar la belleza en la transmisión y generar un caudal nuevo de confianza entre todos.
Es urgente valorar lo que realizamos con nuestras palabras, lo que emitimos desde nuestra garganta, ya con capacidad multinivel
Ejercicios que podemos plantearnos:
- Detectar las creencias que nos limitan (culpa, sufrimiento, “…esto se ha hecho siempre así”, etc).
- Recuperar el contacto con la respiración, en lugares y tiempos especiales, dedicar un momento de atención a este ejercicio de reconexión con la vitalidad del cuerpo.
- Hacer una lista de nuestros valores y talentos, explicando cada uno de ellos. Leerlo en voz alta, varias veces.
- Detectar qué tipo de música es “habitual” en nuestras rutinas cotidianas y qué temas nuevos noto que “me sientan bien”.
- Permitir un cambio de modulación musical en modo digamos “pro” para nuestro avance personal. La primera sugerencia, en este sentido, son los temas del pianista y compositor Ludovico Einauidi.
- Incorporar espacios de silencio, espacios de calidad. Al principio quizá, por unos instantes solamente. Poco a poco irá aumentando ese tiempo de contraste sonido/silencio, de forma favorable para nuestra conectividad más íntima.
- Buscar y/o recuperar frases realmente importantes y significativas para nosotros. Tenerlas presente, de forma mental 8como pensamientos) y expresarlas en voz alta.
- Ampliar el criterio de todo aquello que “nos cuentan”, en amistades o relaciones, desde el mundo profesional, las redes sociales… Desde ahí, empezar a percibir incluso en la sonoridad, mas allá de las palabras, la energía que subyace, la intención y el propósito de lo que escuchamos.
Tenemos la oportunidad de aportar lo mejor de nosotros a través de las vibraciones exquisitas de nuestra voz: nuestra alegría y buen hacer, nuestra empatía y solidaridad. Nuestras experiencias integradas y nuestros valores personales.
Todo lo que ha crecido en nosotros desde nuestra esencia verdadera, vibra y se manifiesta en nuestra Presencia
De este modo, el factor “confianza” en nuestras relaciones puede volver a ocupar su lugar preferente, por los vínculos verdaderos que nos permitimos generar desde esta actitud que denomino parte de nuestra supra consciencia. Consideramos a la autenticidad como el origen vibratorio que puede generar esa confianza.
Así, el sonido es un agua nutritiva, un agua vibracional que puede impregnar todos los ámbitos de nuestra vida. La oscilación más elevada que alcanzamos se convierte en factor fundamental de nuestro crecimiento evolutivo. Aporta coherencia interna y multidimensional. Confianza y seguridad en sentido horizontal; conexión y coherencia en sentido vertical.
Son parámetros de la conciencia que evoluciona interna y conscientemente: se abre a su sentido trascendente. Las vibraciones sonoras de calidad significan la verdadera vitalidad cósmica en progreso.
Personalmente creo que la voz y la sonoridad humana están diseñadas especialmente para esto:
- Modular nuestro crecimiento, madurar en nuestra energía personal como conciencias.
- Aportar en retorno las maravillas que la vida en el planeta nos permite experimentar.
- Integrar en nosotros todo lo que transformamos en nueva energía hacia los mundos sutiles.

¡Vamos a vibrar alto, vamos a elevar la vibración de nuestras palabras!
Macarena Miletich
Terapeuta Evolución Consciente. Especialista en Técnicas Vocales, Comunicación y Oratoria Contemporánea. Autora del libro THE LIVING VOICE. LA VOZ VIVIENTE (Natural Ediciones, 2019).